Como expresar con palabras la intensa sensación del bullir de la sangre, el hormigueo en cada célula del cuerpo,  el fuego que lo quemaría todo y que, por no hacerlo, nos quema en las entrañas. Todo eso y mucho mas hay detrás de esa emoción tan viva e impetuosa.

A pesar de nuestros constantes esfuerzos por  controlarla, la ira se expande con imperiosa necesidad como una manifestación primordial de la vida.

¿Porque tenemos un concepto tan negativo de la ira?. Sin duda, porque  se desconocen sus fundamentos y el origen de ese fuerte impulso interior.  Es una emoción primaria, pura energía en movimiento, expresión del fuego renovador de nuestro organismo.  Existe por sí misma y forma parte de la propia naturaleza humana, como tal no se puede ocultar.

Al igual que todas las emociones es instintiva e inmediata, una respuesta a nuestra forma de interpretar las situaciones de la vida, generalmente de conflicto. Dependiendo de cómo se utilice, puede construirnos o generar destrucción a uno mismo y a nuestro alrededor. De la ira se derivan la agresividad, el odio o el resentimiento, todas ellas secuelas de una mala gestión de esa fuerza vital.

Mi experiencia con la ira ha sido como un tobogán, podría llamarle el Dragon Khan de las emociones:

¿No me gusta y la reprimo?

¿La considero deshonesta ?

¿Niego su existencia?

¿Exploto como un volcán?

¿Me siento culpable por sentirla?

¿Dejo que comprometa mi salud física y mental?

¿Será justa mi reacción?

¿Saldrá agresividad?

Finalmente…. ¿Porque luchar contra ella? Quizás solo reclama la escucha de nuestra conciencia, como el niño pequeño que patalea para que se atienda su más inmediata necesidad. Tras la ira también hay heridas, orgullo, vulnerabilidad, hipersensibilidad, miedos.

Tal vez, pocas veces le hemos concedido la oportunidad de esa atención. Lo más probable es habernos dejado llevar por ese torbellino de sensaciones como caballos desbocados, invadidos por las consecuencias de una sobreexcitación nerviosa y mental. O en  el lado opuesto, reprimiéndola o ignorándola con tanta fuerza hasta volvernos duros, rígidos e insensibles, abocándonos al desgaste de nuestras energías más vitales.

Pero… ¿y si intentamos sentir la ira con plena conciencia?. En cuanto aparece percibirla plenamente en nuestro cuerpo, oírla desde lo más profundo de uno mismo y recibir su mensaje, aceptarla como parte nuestra que es, entender qué la mueve y desencadena. Cada acceso de ira es una oportunidad de reconocer las más profundas inquietudes y una fuerza de rebelión que puede hacernos evolucionar. Es la energía de la transformación.

Con una verdadera comprensión, la ira comienza a romper sus matices más hirientes y cortantes para ir adquiriendo otros más cálidos y renovadores. Volver al centro de uno mismo donde todo confluye, donde la emociones, ni buenas ni malas, son reconocidas y aceptadas operando en un ritmo armónico y vigoroso.

Numerosas personas célebres  dejaron sus citas sobre la vivencia pasional de la ira, a veces contradictorias. Una  que me sorprendió notablemente fue la de Cicerón: “Somos más sinceros cuando estamos iracundos que cuando estamos tranquilos”. ¡Es verdad! porque la propia inmediatez de la emoción, se exteriorice o no,  habla  inexorablemente de lo que hay en nuestro interior.

Para tí que es la ira ¿una aliada o una enemiga?.

María Ruíz